jueves, 30 de septiembre de 2010

Ausencia de dolor (morfina)


-¿A donde vas?
-Lejos de ti.
-Prometiste quedarte por siempre.
-Lo siento.
-¿Pero que va a ser de mi ahora? No puedes dejarme sola, me voy a morir.
-Es lo mejor para ti, para los dos. Desapareceré de tu vida y no te molestaré más, será... será como si yo nunca hubiese existido.


****


Fueron 7 años de dolores.
De sentirse bajo el océano y estar constantemente en las sombras propias. Fueron 7 años donde nadie nunca vio nada. Ella cedió pensando que era lo normal y se envolvió en los miedos de alguien que va sin frenos en una lucha perdida en una vida que no es vida, en una vida sin ayudas y sin anestesia.

Ella comenzó a sentirse insegura y se aferró a la ignorancia.

-Me haces daño.
-Discúlpame, no quise hacerte daño.
-¿Por qué no puedes confiar en mi?
-Trato, no sabes como y cuanto trato, pero se me hace tan difícil. Me estoy ahogando aquí adentro trata de entenderme. No se que me pasa, perdóname.
-Ya no puedo con tus celos tan posesivos, te pones violenta y solo nos hacemos daño.
-Puedo seguir intentándolo.
-¿Por qué me mentiste entonces?
-Por lo mismo que miente todo el mundo, por miedo, por maldad, por egoísmo. Te mentí porque estoy rota por dentro y no se como arreglarme.
-No es excusa.
-No me quiero excusar, me quiero explicar y no sé cómo. Quiero dejar de hacer daño y no puedo parar. Intento aniquilarme y no lo consigo.
-No te hagas la víctima.
-Sólo quiero desaparecer y no sentir esta angustia que me quema...
-Entonces detente.
-¡NO PUEDO!

Y es verdad. No puede. Ella esta incapacitada.
Pero no lo sabe y eso la desespera de una manera que la frustra aún mas y la hace cometer atrocidades contra su persona. Ella piensa que es un monstruo incapaz de sentir amor por los seres humanos, ella piensa que solo ama a los animales y se considera ella también un animal. Es por eso que no come carne. No entiende por qué hace tanto, tanto daño. No entiende por qué sufre tanto y como es capaz de sentir tanto dolor. ¿Hasta donde llega el dolor? Ella se pregunta cuantas veces se puede romper su corazón y esperar a que éste siga latiendo. Ella se pregunta cuantas veces se tendrá que golpear la cabeza contra el muro esta vez para quedar inconsciente, cuantos golpes aguantaran sus piernas esta vez hasta pedir a gritos una tregua en el caos de su alma, cuantos días necesitaría llorar para formar su laguna personal...¿existirá alguien que pueda salvarla de ella misma?


-¿Qué es lo que quieres entonces?
-Lo mismo que todo el mundo supongo, ser feliz.
-¿Y como pretendes lograrlo si lo único que haces es buscar situaciones para causarte sufrimientos enormes?
-No lo hago a propósito.
-¿Me vas a decir que es inconsciente?
-¿Es que eres totalmente incapaz de entenderme?
-No te creo que no quieras sufrir.
-No creo que a nadie le guste sufrir.
-A los depresivos si, tu eres una depresiva.


¿Una depresiva? Su lucha por no hacer el mal era una vil depresión entonces. Aún así, la respuesta deprimente no logró sacar la angustia del pecho de la niña, muy por el contrario, agravó la situación. Ella no estaba depresiva, la situación en la que estaba inmersa era la deprimente. Estaba frustrada y todo a su alrededor se había caído a pedazos. Desde su familia hasta sus "amigos" todo se desmorono en un perfecto y armonioso caos. Sólo quedaba ella y el bajo un cielo que escondía una luna sucia que no se quería mostrar. Sólo quedaba ella y el en una tormenta que daba vueltas en la violencia que perturbaba cada vez mas lo poco y nada que quedaba del alma de de la niña. Ella y su príncipe... ella y su verdugo.

Ya no quedaba nada y ella lo sabía, era solo que no lo quería reconocer. Cada vez que miraba a su alrededor y se enfrentaba a la soledad algo en su interior se sacudía con violencia y le hacía recordar que en algún pasado muy lejano ella experimentó algo parecido a la felicidad... y se sentía correcto.


-Viste que podías hacerlo, ahora estamos bien y lo estaremos por siempre. Nos iremos lejos de aquí y seremos muy felices princesita.
-Si... tenías razón, era fácil. ¿A donde iremos?
-Donde tu quieras.
-Puerto Rico.
-Yo estaba pensando Europa.
-Odio Europa.
-Puerto Rico será.


No era fácil. Era una tortura. Estar bien era taparse la boca con las dos manos y pudrirse lentamente, estar bien era no decir nada y dejar que todo lo malo se apoderara de ella sin oponer resistencia, estar bien era mil veces peor que estar al fondo del abismo. Estar bien era un suplicio, pero ella se quedaba callada solo para evitar pelear y no hacer sufrir a nadie, ella callaba para ser mejor persona, ella callaba para sufrir mas y así demostrar el odio que sentía por ella misma. Las noches eran la peor parte del día pues era donde todas las cosas que se callaba en el día cobraban pies y vida y la golpeaban hasta el cansancio en sus pesadillas hasta que despertaba adormecida. Ella ya no sabía cual era el sufrimiento real, solo quería despertar. Huir quizás.


-¡NUNCA CAMBIAS!
-¿Qué hice ahora?
-¡Me mentiste!
-Nunca te mentí, lo juro, no se de que estas hablando.
-Tuve mucha paciencia, mucha. Pero todos tenemos un límite, y éste es el mío.
-¿Qué es lo que me quieres decir con eso?
-No puedo seguir con esto, estoy sufriendo demasiado. No puedo dejar que me sigas haciendo este tipo de daño. Me prometí a mi mismo que ninguna mujer me volvería a hacer sufrir de esta manera. Y tu no serás la excepción.
-No me amas, ¿es eso?
-Te amo, eres tu la que demostró que nunca fue capaz de amar a nadie.
-Pero...
-Estoy cansado.


Y eso fue todo lo que bastó.
Ella puso play a su cancion favorita y abuso de sus pastillas para la respuesta deprimente y angustia que le habían dado un tiempo atrás para acompañarlas con un litro de un ron barato que tenía guardado detrás del televisor para una ocasión de emergencia como ésta.

La emergencia era evacuar su cuerpo y el planeta tierra lo antes posible. Se puso los audífonos y se recostó. Se sintió aliviada. Por fin. No mas lucha, no mas sufrimiento, no mas dolor en las piernas, en el pecho, en el corazón. Ya no podría hacerle daño a nadie, ni siquiera a ella misma. Ya no habrían más mentiras ni engaños. Pensó en los 7 años en los que sufrió tanto y lo vacía que se había sentido, en como había vivido por vivir y como le hubiese gustado que alguien la hubiese podido salvar de ella misma. Pensó en todas las personas que dañó y engañó y se sintió culpable una vez más. Pensó en los que alguna vez fueron sus amigos y revivió en su cabeza los momentos agradables que vivió con cada uno de ellos y en su cara se dibujó por primera vez en mucho tiempo una pequeña sonrisa quebrada por la nostalgia de alguien que se despide de todo lo que ha tocado en su vida. Pensó en sus padres y en el sufrimiento que les causaría y espero que pudieran comprenderla algún día. Ausencia de dolor...

Fue justo entonces cuando dos manos la tomaron y la sacaron de su trance, sacudiéndola desesperadamente. Mierda. ¿Es que acaso la paz nunca le iba a ser correspondida?


-¿Sabes por qué estas aquí?
-Porque me lo merezco.
-Lograron salvarte.
-¿Salvarme? Yo estaba camino a mi salvación cuando todos ustedes me trajeron de vuelta al infierno.
-Sabías que estás enferma, ¿cierto?
-Depresiva.
-No.
-Entonces.



Fue entonces cuando ella entendió todo. Y todo encajó en su lugar.
Ya no se sentía frustrada. Todo este tiempo había estado luchando contra algo que no entendía, algo que no sabía de donde venía, algo que no podía ver y solo podía sentir. Hace 7 años había estado sumida en un vaivén de sensaciones y había pasado por una gama variada de sufrimientos indescriptibles, tanto, tanto dolor y tantas malas decisiones. Tantos años y tantas personas malas. Tantos años y tantas cosas malas. Tantas años y ella sola encerrada. Tanto alcohol y tanta marihuana. Tantas mentiras y tanto mal en tan pequeña niña. Ahora ella entiende el por qué de tantas cosas y se siente abrumada. La angustia no se ha ido de su pecho aun, porque 7 años de habitar un cuerpo no se barren tan fácil en una tarde de revelarle la verdad a una niña perturbada, pero la ansiedad que la consumía hace días atrás se apacigua con rapidez y frialdad a medida que avanzan las horas y la pequeña va abriendo los ojos cada vez más y más a medida que le van contando cosas y va de verdad en verdad descubriendo cosas de ella misma, que ella misma que se había encargado de ocultar bajo llave para que nadie se atreviera a descubrir el secreto de esta atroz enfermedad.

El ya no esta con ella. Se fue hace un par de días y lo último que dijo fue que algún día en el futuro a lo mejor se encontrarían y serían felices. El la dejó porque ella era nociva y no quería seguir sufriendo a su lado.

-Tu me destruyes.

El tomó todas sus cosas y se fue sin mirar atrás de nuevo, si bien le dijo que la amaría por siempre, el ya no la recuerda hoy y prefiere mantenerla en el olvido por su propio bien. El a ella le dejó otro tajo incurable en su corazón y en sus recuerdos, sin embargo, ella continúa viviendo por vivir anestesiada por su propia morfina que produce su dolor. Al menos hoy ella entiende y no existe violencia ni rabia en su corazón, solo tristeza y desolación.

Ella está sola ahora y mira al cielo de vez en cuando con algo de vergüenza para conversar con las estrellas, les cuenta que ya no siente ira y que se siente un poco mejor, pero siempre se pregunta que hubiese ocurrido si se hubiese ido aquel día y hubiese dejado de existir. Ella ya no tiene a nadie a su lado, pero por una parte lo agradece, por que de esa forma ya no puede hacerle daño a nadie nunca más. A veces tiene miedo, a veces la inunda el valor sin fundamento, pero luego se da cuenta de que ya no tiene ataduras y se convence de que todo eso es producto de que se liberó de su lucha interna que había estado manteniendo hacía tantos años ya. Ahora ya no lleva ese peso con ella y se siente mas ligera y sincera, ahora tiene la verdad como única herramienta.

****


Y con la verdad conquisté el universo.

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